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| navidad con inocencia, felicidad y muchos regalos |
| navidad sola |
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| navidad con divorcio |
Nosotros tirábamos chasqui boom, esperando ansiosos las doce que llegaba Papá Noel, la abuela nos escondía atrás de un tapial para que no espiáramos su llegada y se fuera sin dejarnos los regalos, o algún tío se disfrazaba y entregaba los regalos a cada uno, irreconocible detrás de la barba y la peluca, la panza postiza. Eramos tan felices abriendo los regalos, esperando que coincidiera con la cartita que le mandamos. La fiesta seguía con baile y brindis hasta tarde, donde cansados de jugar con los juguetes nos quedábamos dormidos.
Cuando somos niños las fiestas significan paz, amor y unión familiar, no nos damos cuenta de los conflictos o de que uno se sienta en una punta de la mesa y otro en la otra para no verse las caras o cuando el alcohol hace evidentes las peleas.
Hoy que soy grande y son mis hijos los que disfrutan estas fiestas, puedo apreciarlos con claridad, las mesas son más chicas, ya no tienen tantos invitados, faltan los abuelos o algunos tíos, ya no están los amigos en la mesa, ya no se baila hasta el amanecer aunque mis hijos siguen ansiosos esperando las doces y juegan con sus juguetes hasta quedar dormidos.
Ya la organización es difícil, a quien invitamos, quien viene, si viene este aquel no viene, falta el tío en la mesa que se peleo con todos y así la mesa se sigue achicando, los conflictos entre tragos empiezan el malestar. Los parientes se retiran temprano y todo termina muy pronto, al menos eso sucede en la casa de mi suegra. Mi familia intenta pese a todo mantener el espíritu navideño, la mesa se prepara con los manteles y centros de mesas, mi mamá ahora transformada en la abuela de la familia saca las mejores copas, entretiene a los nietos mientras nosotros sacamos los regalos y aunque pocas veces hay baile a veces nos encuentra la madrugada sentados charlando, no digo que no haya conflictos y que la organización de los invitados no este seleccionada pero algunas cosas cambian, aunque la mesa sigue siendo chica, ya no está el clericó que fue reemplazado por lemon champ o tragos distintos y hay postres elaborados aunque no las cremas de vainilla que preparaba mi abuela.
Por eso me pregunto ¿paz o conflicto?, las leyendas de los carteles quedaron en el pasado o aún tienen vigencia. Solo de adultos descubrimos que el espíritu navideño no es tal.
En algunos lugares creo que esto sigue siendo así la paz y el amor reina en la mesa navideña, a lo mejor mi familia es la excepción, no sé, solo reconozco que las fiestas me traen tristeza y se que no soy la única. Hay otras a las que les invade la tristeza, porque recuerdan a algún familiar fallecido o simplemente porque están solas, porque las fiestas nos recuerda lo que esta mal en nuestras vidas. ¿Sabían que la mayor taza de suicidios y divorcios se da en esta época? Pero esos dos estados de animo solo pueden reflejarse si uno observa bien y no está obnubilado con el espíritu navideño.
Lamento terminar la entrada con estos datos pero refleja en parte lo que quiero decir.
Extraño la inocencia del niño, donde estos momentos solo eran felicidad y la unión de la familia al rededor de una gran mesa familiar.


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